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Alarde de otros labios (texto leído durante la presentación)

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Alarde de otros labios (texto leído durante la presentación)

Decía Samuel Beckett que “las palabras son lo único que tenemos”.  No puedo estar más de acuerdo con él. Las palabras, con el tiempo, se convierten en el único legado que hacemos a los otros. Sin embargo, por soberbia, llegamos a creer que las poseemos y las convertimos en entes serviles con la rutina. Nos olvidamos así de que “las palabras tienen un poder especial, son entidades vivas”, como alguna vez escuché decir a una mujer sabia y respetuosa del aura de las palabras.

        En ese sentido, los humanos somos injustos con ellas. La única reivindicación posible para nosotros entonces es buscar la magia que existe más allá de la palabra siempre reconocible, siempre ofrendada en el diario ritual del lenguaje. ¿Y cómo hacemos esto? Yo descubrí que fabulando y acercándonos a la poesía es posible. La poesía es un alarde, una acrobacia del lenguaje, un conjuro que nos regresa la timidez con la que un niño balbucea palabras y se intriga con ellas. Sí, para el poeta la palabra es la intriga que provoca su alarde, la impaciencia de sus huesos. Ya lo dijo Vicente Huidobro, “la poesía es la desesperación de nuestras limitaciones, la poesía tiene hambre de infinito, de absoluto, de eternidad”.

        En el espacio poético, se rompen las normas de la realidad que someten y limitan la imaginación humana; se desafía el universo conocido y crea uno diferente en donde quedan expuestas todas las sensaciones que afectan a la humanidad, aquéllas que provocan el temblor de sus nervios dejándola vulnerable y confundida. Así la poesía se nos revela como un latido feroz que denuncia las guerras que el hombre libra dentro de sí mismo por defender su verdadera naturaleza: la indomable, la irracional, la que lo motiva a buscar la comunión con sus semejantes y con su entorno.

        Alarde de otros labios surge como un acoso, como un intento de metamorfosis del vocablo cotidiano; revela los hábitos carnales de la palabra. Su escritura constituye un ciclo de trabajo muy largo, casi cuatro años en los que el estallido visceral y la disciplina literaria coexistían y buscaban una expresión y una reflexión sinceras. Mientras escribía me di cuenta de que el alarde no era mío, sino que era el de la palabra misma. En el poemario, las palabras se jactan de su poder de creación, renuncian a la convención, juegan con lo prohibido y nos seducen. Definitivamente, la transgresión es un instinto natural de cada uno de los textos, o al menos eso me gusta pensar.

 

Andrea Olson

 
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Comentarios Alarde de otros labios (texto leído durante la presentación)

¿Y dónde puedo conseguir ese alarde de otros labios? :)
Liz Liz 24/08/2013 a las 17:55
Hola, Liz. Puedes conseguirlo a través de la página de la editorial https://www.facebook.com/DeLoImposibleEdiciones o me envías un correo a anrratolson@gmail.com y te lo hacemos llegar. Saludos.

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