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¡Feliz Halloween para la Bruja de las palabras!

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Otro Halloween que se suma a la historia de mi vida. Mi día más querido de todo el año. Mi preciado día otoñal de fantasmas y de magia. Mi inquietante noche de dulces, de disfraces y de sombras. La fiesta que despide a mi siempre añorado mes natal. Y es que Halloween ha significado para mí una fecha sumamente importante: desde que era muy pequeña, supe que no se trataba de una celebración trivial o comercial. Para mí, era el momento en el que podía soñar despierta y entregarme por completo al disfrute de lo macabro, lo terrorífico y lo velado, cosas que ese día se mezclan con las risas, las golosinas y las películas de miedo o los especiales de Garfield o de Charlie Brown.

En Halloween, la pequeña solitaria que fui, era feliz porque saciaba su curiosidad (un tanto mórbida, por cierto) con la parafernalia de ultratumba que adornaba los centros comerciales y las casas. Y esa felicidad provenía de la maravilla que experimentaba al notar lo distinto y misterioso que podía ser a veces lo cotidiano y familiar; lo extraordinaria que ella misma podía ser con sólo llevar un sombrero cónico y una calabaza. Y esa niña también era feliz porque se sentía acompañada por brujas, monstruos y vampiros, que eran tan solitarios como ella, pero que ese día, podían reunirse con los humanos, pasar desapercibidos, compartir la diversión con esos niños que iban de casa en casa en busca de un caramelo para olvidar la amargura de la muerte y los horrores de lo desconocido.

Cuando crecí y decidí vivir como una bruja, descubrí que mi precioso Halloween tenía una raíz aun más mágica de lo que nunca imaginé. Supe que ese día se celebraba Samhain/La Noche Ancestral/ la Fiesta de las Sombras, que no es otra cosa sino el festival de los ancestros y de la última cosecha: el día más poderoso de todos, el día en que el velo entre los mundos es tan tenue que invita a los espíritus a emprender el viaje para regresar a su antiguo hogar. Supe que ese día marcaba el fin y el principio de un ciclo, que representaba un tiempo de nuevos comienzos y de comunión con nuestros ancestros. Supe que ese día nos recordaba la promesa divina de que la muerte no es definitiva y de que somos seres eternos y, por tanto, partícipes de la destrucción y la creación del mundo. Supe tantas cosas y mi corazón se sintió emocionado, agradecido, por haber tenido la oportunidad de mirar con amor y reverencia ese día desde hacía tantos años.

Y así, más allá de aquello en apariencia superficial, Halloween fue mi primer contacto con el poder del otoño y de la oscuridad, con los monstruos que me habitan y con las pesadillas -ya superadas- que me hicieron fuerte. Halloween me reconcilió con mis miedos. Por eso lo honro profundamente y lo espero con una impaciencia casi infantil. Por eso deseo que hoy sea un feliz Halloween para quienes lo festejan, pero en especial para mí, la bruja.

 

Andrea Olson

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