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La muerte como olvido en el cuento “La banca vacía”, de Francisco Tario

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Andrea Olson

 

 

Recluido en el silencio de su casa de la Condesa, Francisco Tario, el escritor “raro” y “fantasmal”, el “Poe mexicano”, entablaba diálogos interminables con la muerte. Ninguna experiencia de duelo lo había marcado entonces y sin embargo intentaba descifrar su misterio a través de la palabra. Durante el día, vivía sus horas a plenitud: jugaba futbol, disfrutaba el cine y el tango, amaba los viajes y los paseos por la playa junto a su mujer. De noche, jugaba con fantasmas y mundos donde la muerte era su cómplice en la rebeldía contra la realidad.

 

        Años y fantasmas transcurrieron en la vida de Tario y la muerte continuó siendo su obsesión, su única manera de manifestarse en el mundo de las letras. Hasta antes de su último libro, Una violeta de más, Tario bromeó con el tema mortuorio. La publicación de éste significó el cambio más doloroso en la relación del escritor y la muerte: En 1967, su esposa Carmen Farell, su “mágico fantasma”, falleció inesperadamente de un derrame cerebral. A partir de ese momento, Tario abandonó toda escritura, se recluyó en su casa y empezó a dejarse morir. Abandonó el diálogo literario con los espectros y la muerte, para establecerlo esta vez con el retrato de su esposa.

 

Letras necrófilas: Una introducción a la narrativa tariana de la muerte

 

 

En la carrera literaria de Francisco Tario, el cuento “La banca vacía” hace evidente la madurez alcanzada por el autor en su tratamiento de la muerte. El tópico mortuorio se despoja de la caracterización fantástica e irónica distintiva de la cuentística tariana, para ser planteado desde un enfoque filosófico que reflexiona sobre la existencia humana y su final. Pese a que este cuento resulta significativo para entender el desarrollo que experimentó el concepto de la muerte en la obra de Tario y, en general, en el cuento mexicano de la década de los cincuenta, “La banca vacía” carece de análisis que amplíen la consideración que del texto se tiene: Para la crítica, es una curiosidad literaria que explota lo extraño y macabro, un relato más inscrito dentro de la corriente mexicana del género de la ghost story. Este trabajo pretende ser un acercamiento distinto al cuento. El interés se centra en sus ideas filosóficas en torno a la muerte, ideas representadas con el binomio muerte-olvido.

 

         "La banca vacía " corresponde a “un cuento filosófico-fantástico sobre la vida y la muerte” (Dumas, 1983: 75), donde se presenta la historia de una mujer, quien tras haber sido asesinada, vuelve a su casa para rememorar las anécdotas de su juventud mientras asume su nueva condición existencial postmortem: “Todos los días, a partir de aquel otro en que fue asesinada, acostumbraba volver a su casa donde se pasaba las horas muertas” (Tario, 2008: 307)[1]. El texto recupera así las últimas reminiscencias de la mujer fantasma, así como su vida fragmentada por los recuerdos, antes de que se desvanezca a causa del olvido.

 

        El título “La banca vacía” remite al desenlace del cuento y constituye una metáfora del vacío existencial que padece el sujeto al enfrentarse al fenómeno de la muerte. La protagonista sufre una segunda muerte (la verdadera porque es absoluta) cuando toma conciencia de que ha sido olvidada por sus seres queridos; entonces desaparece, dejando vacía la banca de su jardín, lugar testigo de los momentos más inolvidables de su experiencia vital: “Casi nadie la recordaba; era lo ciento. Y por eso moría. […] Me han olvidado”- suspiró-. Y miró su casa. Le habría gustado quedarse, por cierto. […] Después pensó que debería sentarse en la banca. Y así lo hizo. Pero la banca permaneció vacía” [313].

 

        En el cuento, Tario representa una vez más la muerte desde la misma muerte, a través de la figura del fantasma. Sin embargo, su conceptualización desecha todo carácter festivo y de fantasía macabra. La muerte es el espacio y el tiempo de la narración. Se trata de una realidad en sí misma y no una interpretación hecha desde la óptica de la vida. La hipótesis propuesta aquí establece que la muerte de “La banca vacía” es el olvido: Morir implica más que un hecho biológico. Aún cuando materialmente han desaparecido, los muertos perviven mientras sean recordados; sólo hasta que no exista nadie que aprehenda su esencia, se integrarán para siempre a la nada: “tan luego dejara de existir aquel recuerdo, ella dejaría de existir igualmente” [313].  En este sentido, el concepto filosófico de la muerte expuesto por Tario se vincula con el del filósofo existencialista Jean-Paul Sartre, quien señala que el otro tiene un papel fundamental en la pervivencia o la caída en el olvido del ser muerto.

 

         El siguiente análisis tomará como punto de partida la evolución de las representaciones mortuorias en la obra tariana, estableciendo un contraste entre ellas. Luego profundizará en las particularidades de “La banca vacía” para explicar cómo el olvido se convierte en una muerte verdadera. Y, finalmente, se establecerá una relación entre el cuento del escritor mexicano y la filosofía sartreana de la muerte, ejemplificada en la pieza teatral A puerta cerrada.

 

 

Las muertes de Tario: De los cuentos de La noche hasta “La banca vacía”

 

 

 

El tópico de la muerte aparece en la obra de Francisco Tario como una obsesión materializada por lo general en un personaje fantasmagórico, o bien, es el suceso clímax de la historia (un suicidio, un asesinato, un accidente fatal). El tratamiento de la muerte en este escritor mexicano conjuga las características de la literatura gótica anglosajona, el romanticismo negro, el decadentismo, además de las corrientes modernista, surrealista y expresionista. Estas influencias hacen de la muerte tariana una experiencia mórbida, patética, desencantada, a veces erótica y lúdica. Así, lo mortuorio llega a simbolizar la derrota de la realidad, lo absurdo y lo marginal de la condición humana.

 

        Tres libros del autor resultan fundamentales para apreciar su concepción de la muerte: La noche (1943), Tapioca Inn. Mansión Para Fantasmas (1952) y Una violeta de más (1968). Aunque el recurso del personaje fantasmal se mantendrá presente en los tres como metáfora fúnebre, la interpretación del tema se verá modificada: Del juego morboso e irónico pasará a la reflexión existencial. Del estereotipo de lo macabro evolucionará a la propuesta intimista de un significado para la muerte.

 

        En los quince cuentos de La noche, Tario aleja a la muerte del ámbito humano y la torna una experiencia insólita al hacer que su violencia recaiga en seres inanimados y animales, por ejemplo un féretro,  un traje, un barco, un muñeco, una gallina o un perro. Sólo en algunos textos- “La noche del loco”, “La noche de Margaret Rose”, “La noche del vals”, “La noche del hombre” y “Mi noche”- aparece el hombre relacionado con la muerte. No obstante, al igual que los otros protagonistas, el hombre es un ser marginado y decadente que se enfrenta a ella como “drama casi siempre doloroso, fatal, grotesco, nunca feliz ni gracioso” (Martínez, 1949, citado en Vélez, 2009: 61).

 

        Para el analista Juan Tomás Martínez Gutiérrez: “La noche es una miscelánea de crónicas del fracaso, de seres que sucumben ante el mundo que los subyuga” (2007). La muerte corresponde a ese fracaso, que es tratado sistemáticamente por medio del humor negro y los recursos narrativos del género fantástico (vacilación) y ornamentales de la literatura gótica (la estética de lo grotesco con sus escenarios nocturnos y espectros).

 

        La primera etapa de Tario, de la cual La noche es su obra más representativa, presenta entonces un entendimiento sombrío y dramático de la muerte como tema literario, heredero de las tendencias filosóficas y estéticas posrománticas. Lo anterior contradice pues las aseveraciones que Esther Seligson hiciera en el estudio introductorio a Entre tus dedos helados y otros cuentos, en torno a que: “[n]o hay en Tario filosofía previa sobre la vida, la muerte o el más allá, ni concepción elaborada respecto a lo sobrenatural” (1988: 10).

 

        La noche supone el primer contacto del escritor a la temática mortuoria y con el tratamiento metafórico a través del personaje fantasma, personaje multifacético como la misma muerte. Respecto a este punto, Juan Ramón Vélez afirma:

 

“La noche de Margaret Rose” y “La noche de ‘La Valse’” se nutren de la figura del fantasma, inaugurando una veta dentro de la narrativa del autor que éste explotará con fruición bajo todo tipo de enfoques —desde el flirteo con la ghost-story más ortodoxa hasta los acercamientos burlescos— en libros posteriores. (2009: 69)

 

El fantasma aparece como un oráculo de la muerte porque es el único ser que puede materializarla de acuerdo con lo siguiente: A diferencia de otros cuentistas que la presentan  como ruptura, Tario ve en ella una continuación (del hombre, de su habitar en el mundo, de su miseria). Los fantasmas de La noche prolongan su historia y se convierten así en enlaces entre la vida terrena y la ultraterrena. El recurso de la figura espectral continuará en su obra posterior, salvo que en los libros Tapioca Inn. Mansión para fantasmas y Una violeta de más, representará otras facetas.

 

        Tapioca Inn… fue publicado en 1952, tras una década de silencio. En la introducción a los Cuentos completos, Mario González Suárez señala que este volumen contiene una serie de relatos que tiene como hilo conductor el tema del fantasma. Sin embargo, tal personaje es explotado en todas sus posibilidades: desde la forma básica del aparecido hasta el símbolo de los miedos humanos (la muerte se destaca entre esos miedos). Con los recursos del desconcierto y el humor negro, Tario aborda el conflicto entre la vida y la muerte, identificando a esta última con una dimensión a un mismo tiempo festiva y oscura, incluso siniestra:

 

        [E]l correlato vida/muerte se convierte en siniestro cuando «está relacionado con la muerte, con cadáveres, con la aparición de los muertos, los espíritus y espectros» (Freud, 1996: 2498). Para este tema no hay mejores evidencias que «T.S.H» y algunas minificciones contenidas en «Música de cabaret» de Francisco Tario […] Estos relatos evidencian la posibilidad de una existencia más allá de la muerte, es decir, fantasmagórica, por demás eterna y etérea. Inclusive, dicha temática se ostenta en el título de uno de los libros comentados, Tapioca Inn. Mansión para fantasmas de Francisco Tario, donde el conflicto vida/muerte por medio de seres fantasmales permea varios de los relatos. (Nava Hernández, 2009: 277).

 

Si los cuentos de La noche equiparan la muerte con la continuidad, los de Tapioca Inn la acercan a una estadio marginal de la vida, estadio que suele alcanzarse de forma violenta y absurda. En el cuento “La semana escarlata”, Francisco Tario escribe que, tras el fallecimiento de sus personajes: “la ciudad vive su vida –tediosa, lóbrega, inútil-, mas sin sobresaltos” y los muertos caen al vacío, se enfrentan al “fin, siempre tan natural e incomprensible” [134]. La muerte entonces se convierte en: “ese traumático momento que sigue al desarraigo de lo mundano y lo cotidiano, donde aún debe superar una innúmera variedad de anclas que, inconscientemente, aún le impiden separarse de lo terrenal” (Pérez Morales, 2009: 82).

 

        Para 1968, las narraciones escritas por Tario entre 1954 y 1967 se reúnen en Una violeta de más. La mayoría de los cuentos antologados exploran el mundo onírico o sucesos fantásticos dentro del ámbito doméstico. Los demás retoman el planteamiento de lo tanático, mas esta vez con un discurso que abandona la broma macabra para convertirse en la serena exposición del significado de la muerte. Tario no se interroga más sobre ella, pues ya ha encontrado una respuesta. De tal forma, Una violeta de más supone la conclusión existencial-espiritual a la que llega luego de, no sólo trabajar obsesivamente lo mortuorio en su literatura, sino también tras enfrentar la pérdida de su esposa: “Para ti, mágico fantasma, las que fueron tus últimas lecturas”, escribe el autor como dedicatoria para la antología.

 

        Martínez Gutiérrez observa que algunos de los cuentos de Una violeta…: “abordan el origen absurdo de un fantasma” (2007, versión digital).  El mismo absurdo es aplicable para la muerte, esa experiencia inevitable de dejar de ser y de soledad: “Ella sentía ahora que una soledad muy extraña la iba invadiendo; que se encaminaba a una nueva soledad desconocida” [249], así describe Tario los últimos instantes de una anciana, en “La mujer en el patio”. La muerte adquiere también un sentido de renovación; es el paso de lo corpóreo a lo etéreo, ámbito sin forma ni límite, representado por el fantasma. Esta transfiguración nunca implica un desvanecimiento que hace perder la identidad y los recuerdos, ni un final definitivo.

        La muerte en Tario no implica caer en la nada. Siempre existe otro estado de existencia tras el cese de toda función vital, una especie de limbo (término empleado por González Suárez para describir ese pasaje fantasmagórico que precede a la vida mundana) en el que se fragmenta la identidad y se experimentan varias etapas del no ser, las cuales están delimitadas por el recuerdo y el olvido. Esto supone la tesis que maneja Francisco Tario en el último período de su escritura sobre la muerte, del que es representativo el cuento “La banca vacía”.

 

 

 

“La banca vacía”: Muerte y olvido

 

 

El cuento “La banca vacía” fue publicado por primera vez en 1956, en el número 8 (nov.-dic.) de la Revista mexicana de literatura, para luego formar parte de  Una violeta de más, de 1968 y de un sinnúmero de antologías del cuento fantástico editadas recientemente. La narración, aunque breve, profundiza en los pensamientos de la protagonista, una mujer que ha sido asesinada y que vive a la vez la muerte y su vida anterior de manera cíclica, en las estructuras de un tiempo sin tiempo (temporalidad definida por el autor como “horas muertas”), en el limbo del que habla González Suárez.

        La muerte, la biológica, no constituye un impedimento para que la personaje continúe moviéndose silenciosa e invisible por el mundo material, que mantenga sus recuerdos y su conciencia: “desde su silenciosa muerte, desde aquel inmóvil silencio y aquella inmovilidad sin fin, donde no había nada que esperar porque todo cuanto podría esperarse se había cumplido, disponía de una quietud propicia para detener su pensamiento donde le convenía” [308]. Gracias a esta manipulación de la memoria, las imágenes visuales y sensoriales de la vida se yuxtaponen a las de la muerte a lo largo de las secuencias narrativas.

 

        “La banca vacía” corresponde a un cuento de tesis porque plantea una muerte conceptual, la de la muerte como olvido.  La idea de Tario se relaciona con la antigua concepción griega y egipcia de que la ausencia corporal no significa el fin verdadero, sino que el olvido total del otro marca todo fin existencial. Los seres humanos viven entonces mientras las personas sean recordadas. Por eso, sólo hasta que la mujer fantasma es extirpada de la memoria colectiva, desaparece: “Este olvido de las cosas la desalentaba. No se resolvía por el doloroso olvido; mas lo intuía. Sospechaba que un olvido de esa índole era lo que la aguardaba” [311]. Asimismo, este concepto de muerte se relaciona con la teoría de Sartre,  filósofo existencialista que expone a la muerte como algo que dan los otros con su olvido o su indiferencia y que, por tanto, trasciende la subjetividad del hombre.

 

        En su cuento, Tario niega implícitamente que la muerte sea la destrucción del ser o se trate de lo ignoto: “el personaje protagónico, asesinado, regresa a la casa re-conocida. No vuelve del más allá, retorna al ambiente que conoce”. (Pardo Fernández, 2003, versión digital). En cambio, paradójicamente sugiere que la muerte es una construcción filosófica, cultural, mental y emocional que los vivos producen a partir de la ausencia. Es decir, la muerte es determinada por los vivos, son ellos los que la interpretan, los que por medio de artificios (una ofrenda, un funeral, un acta de defunción, una tumba) recuerdan o, en su defecto, olvidan al ser fallecido. En “La banca vacía”, estos elementos se ven suplidos por su casa abandonada, espacio simbólico de la muerte como olvido:

 

La casa estaba cerrada, desde hacía años se hallaba muy bien cerrada, y tenía un sello a la puerta.

        Este sello daba a entender a los paseantes que a ninguno de ellos le sería permitido habitar la casa, que era una casa prohibida, maldita acaso, cerrada a cualquier suerte de alegría. Que era, en suma, la propia casa de la muerte. […] Aquel sello se refería a ella, hablando a todos de su intimidad y de su nombre, era como el breve diario de su vida. [308]


Los vivos han desterrado a la protagonista, la han convertido en un fantasma, en algo ya fijo, establecido, en un objeto tan abandonado como su casa: “el autor sitúa el paralelismo entre humanos y espacios al compararlos o al tender una metamorfosis gradual que consiste en la indiferenciación entre el sujeto y el lugar” (Ruiz Pérez, 2009, versión digital). Y sin embargo, su recuerdo la mantiene unida al plano mortal. Sólo morirá cuando dejen de recordarla. La idea de la muerte como olvido, como una realidad dada por los demás que desarrolla Tario en “La banca vacía” coincide con la teoría sartreana de que la muerte es un hecho exterior, “algo que te dan los otros. Cada uno lo recibe del prójimo” (Muñoz Renon, 2009: 89).

 

        Para Jean-Paul Sartre, el ser vivo tiene un rol fundamental en la pervivencia o en el olvido del ser muerto, pues la aprehensión que se hace de ellos les crea una “vida muerta”, donde su conciencia permanece de alguna manera, mas quedan privados de su libertad de autodeterminación y ligados a una imagen fantasmal creada por quien los recuerda. En ello consiste la realidad de los muertos, que no son objetos irreales, en la medida en que alguien asume su proyecto: "Ahora que su vida está muerta, sólo la memoria del Otro puede impedir que se contraiga a su plenitud de en-sí, cortando todas sus amarras con el presente. La característica de una vida muerta es ser una vida de que se hace custodio el Otro” (Sartre, 1968, citado en Urabayen, 2001: 729).  Finalmente, los demás eligen si perpetuar la memoria de los muertos o condenarlos a la muerte-olvido.

 

        Francisco Tario comulga con el planteamiento de Sartre respecto en el sentido de que tras la muerte física, hay una existencia limitada por la decisión de quienes sobreviven a los difuntos. “La banca vacía” ejemplifica literariamente dicho concepto filosófico de la muerte. La protagonista se encuentra apegada a sus bienes materiales y sus remembranzas, pero ella no decide sobre su permanencia en ese estado espectral. No, a su fantasma sólo los sustentaba un último recuerdo. Luego es olvidada y su reminiscencia fantasmagórica desaparece, lo que significa que ha sido aprehendida resueltamente y para siempre como elemento fundido en una masa, y eso es morir:

 

Casi nadie la recordaba; era lo cierto. Y por eso moría. Solamente un último recuerdo, desesperado y preciso, la sustentaba de lejos. ¿De quién podría ser aquel recuerdo? ¿Quién la recordaba a ella, deseando hoy que no muriera? Vivía sus últimos días a merced de aquel único pensamiento. Y tan pronto ese pensamiento se extinguiera, tan luego dejara de existir aquel recuerdo, ella dejaría de existir igualmente” [313].

 

 

Al ser aprehendida, la protagonista pierde su calidad de fantasma (calidad semejante a una autoconciencia que, incluso después del deceso físico, lucha por su pervivencia y autodeterminación) y se vuelve incapaz de otorgarle retrospectivamente una significación a sus acciones libres pasadas. La muerte-olvido arrebata al personaje toda posibilidad de realizar su proyecto, despoja su vida de todo sentido y la hace perder su existencia personal para ser constituida con otros en existencia colectiva o memoria de los muertos.

 

 

La muerte como olvido en “La banca vacía” y A puerta cerrada

 

Como se ha visto,  Francisco Tario desarrolla el concepto de muerte como olvido en concordancia con algunos aspectos del planteamiento que Jean-Paul Sartre elabora en el subapartado titulado “Mi muerte”, de El ser y la nada (1943) y, sobre todo, en A puerta cerrada (1944). A puerta cerrada es una pieza teatral existencialista en la que se presenta la historia de tres muertos condenados a compartir el infierno por toda la eternidad y experimentar un estado de “vida muerta” sin tener ninguna oportunidad de redención o de cambio, siempre dependientes de que sus seres queridos los conserven presentes en su memoria y vinculados a su mundo anterior.

        Los puntos de coincidencia entre A puerta cerrada y “La banca vacía” son evidentes en cuanto a que en ambas obras se piensa al olvido como una muerte absoluta y se confiere a los vivos el poder de determinar los límites existenciales de los muertos, ya sea perpetuando su recuerdo u olvidándolos. Como lo explica Julia Urabayen, el otro conserva y apresa al muerto; lo salva de la absurdidad de la existencia, confiriéndole un sentido siempre relativo o lo deja caer en el eterno absurdo o ausencia de sentido.

 

        Tanto Sartre, como Tario, exponen en sus obras que la muerte no equivale a la finitud del hombre y que, por tanto, hay una vida en la muerte (vida que Tario simboliza con la figura del fantasma, mientras Sartre la interpreta como una interiorización de la conciencia del ser muerto en el para-sí de los vivos). “La banca vacía” y A puerta cerrada tratan de los muertos y su  existencia póstuma, en la que no hay nada más que lo pasado, en la que “no había nada que esperar porque todo cuanto podría esperarse se había cumplido” ? escribe Tario ? y todo “ya está hecho” ? confirma Sartre, a través de la voz de Inés, uno de los personajes de su drama teatral ?. Con la muerte-olvido, los personajes son cosificados y susceptibles de ser extraídos de la realidad humana (el muerto es presa del otro, afirmaba Sartre) y descubren el absurdo que representaron  sus vidas.

 

        En “La banca vacía” y A puerta cerrada, la muerte como olvido es caracterizada mediante la inseparable de la relación con el otro; mediante la pasividad, el despojamiento, la suprema indiferencia de parte de los seres supervivientes en contraste con la eterna nostalgia que sienten los muertos por lo sensorial. La muerte conceptual propuesta en dichas obras subraya la fragilidad de la existencia humana, su vacío: “Me siento vacía. Ahora estoy muerta del todo. Aquí por entero” refiere uno de los personajes del drama sartreano, mientras la protagonista fantasma del cuento tariano “no era ya ni su sombra sino el hueco de sí misma”.

 

        El símbolo del vacío que trae consigo la muerte se halla en el espacio (una casa cerrada en el cuento, un cuarto vacío en la pieza teatral).  Lo único que les resta a los personajes es su imagen fija representada en los lugares que habitaron en vida, lugares que tras su fallecimiento se encuentran clausurados por un sello que los dota de inmutabilidad y los sigue ligando a sus dueñas. La destrucción del sello, como representación tangible del olvido, destruye el vínculo de los personajes con su identidad y con la vida.

 

        Por último, la muerte como olvido presenta una importante diferencia en Tario y Sartre, en cuanto a las implicaciones que el concepto tiene en la particular visión de los autores. En “La banca vacía” esta clase de muerte exhibe la soledad y la profunda decepción por una vida en la que las relaciones personales son poco significativas. En cambio, en A puerta cerrada exhibe el conflicto con los demás, pues las relaciones intersubjetivas son siempre de enfrentamiento entre dos libertades que intentan imponerse una sobre la otra:

 

La muerte es el desenlace de la lucha que opone a las libertades de los para-sí, porque otorga la victoria al para-sí sobreviviente. La muerte representa en ese contexto preciso una ‘alienación’, ‘un total desposeimiento’ de la persona del para-sí en beneficio del otro, desposeimiento que no solamente hay que comprender en el nivel de los bienes materiales, sino antes que nada en el nivel de la autodeterminación. Una vez muerto, el para-sí es ‘presa de los vivientes’ (Schumacher, 2008: 77).

 

 

Tario opone la muerte-olvido proveniente de los vivos contra la nostalgia del difunto y el resultado de su oposición es un desvanecimiento no doloroso, en el que la personaje protagónico sólo experimentó una sensación de lejanía y confusión, se sintió “infinitamente olvidada, pero dichosa”. La mujer fallecida se desliga de toda atadura con lo mundano y trasciende a un nuevo plano existencial en el limbo. A diferencia del planteamiento de Tario, la tanatología sartreana opone la muerte-olvido a la libertad del sujeto. De ahí que Garcín, Estelle e Inés, personajes de A puerta cerrada, viva su existencia post-mortem como un infierno, como un desenlace trágico que los vuelve esclavos del otro.

 

Conclusiones

 

El simbolismo que adquiere el tema de la muerte en “La banca vacía”, así como en la obra de Francisco Tario, tiene que ver siempre con lo humano. La muerte para Tario no es una realidad que revele al hombre lo ignoto o lo acerque a una experiencia ultraterrenal y divina. La muerte para el escritor mexicano está vinculada con las vivencias pasadas, con la identidad del ser humano y aquello que le es familiar. Por esto, Francisco Tario representa el tópico mortuorio con el fantasma, un ser atrapado entre los límites de la vida y la muerte.  Conforme van adquiriendo calidad de fantasmas, los personajes de Tario toman conciencia de lo que han sido y de su necesidad por transformarse y trascender.

 

         La representación literaria de la muerte en la obra tariana busca profundizar sobre la vida humana y su vinculo con el pasado que la determina, incluso cuestionarlos. Sólo la experiencia de morir permite a los personajes trastocar sus límites y el sentido convencional que han dado a su existencia. Para Tario, la muerte corresponde al encuentro íntimo con un Yo profundo que trasciende la decadencia física, la mortalidad y la enajenación a los planos de una realidad que tienen la misma esencia. Este encuentro con el yo es la meta de una búsqueda existencial que en vida se interrumpe por los condicionamientos exteriores (sistemas de pensamiento, convencionalismos sociales, rutinas).

 

        El desarrollo que experimenta el tratamiento de la muerte como tema literario en los cuentos de Tario, muestra  cómo ésta se convierte de algo aterrador, asociado con elementos grotescos como la descomposición de la carne, a un desvanecimiento de la subjetividad del ser muerto como algo independiente y libre, pero que de ningún modo significa una aniquilación total de la existencia. En este sentido, Tario no acepta los parámetros occidentales de la muerte como destrucción del ser: el hombre deja de ser lo que es, pero para alcanzar otros estados. La muerte tariana desdibuja la realidad objetiva, hasta cierto punto caduca, hasta convertirla en un misterio de recuerdos fragmentados. Sin embargo, lo más interesante de la propuesta de Tario en torno al tema se cristaliza en “La banca vacía”: Una dialéctica entre el recuerdo y el olvido es la muerte, y ésta dialéctica más que concernir a los muertos, es asunto de los vivos.

Referencias bibliográficas

 

Dumas, Claude (1983). Estructuras literarias y pintura social en el cuento mexicano contemporáneo.  Anales de literatura hispanoamericana, Nº 12, Universidad Complutense.

 

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Martínez Gutiérrez, J. T. (2007). Francisco Tario: de la novela al aforismo. Incursiones genéricas de un provocador.  LL Journal. Vol. 2, No 1. México, desde http://ojs.gc.cuny.edu/index.php/lljournal/article/viewArticle/222/185, extraído el 25 de abril de 2011.

 

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Ruiz Pérez, I. (2004). Avatares de un itinerario fantástico: los cuentos de Felisberto Hernández y Francisco Tario. Espéculo. Núm. 28 Universidad Complutense de Madrid, desde http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/felista.html, extraído el 25 de abril de 2011.  

 

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[1] En adelante, todas las referencias provenientes de la antología Francisco Tario. Obras completas. Tomo II aparecerán entre corchetes y sólo con el número de página.

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Comentarios La muerte como olvido en el cuento “La banca vacía”, de Francisco Tario

Muchas gracias, Mari Carmen. ¡Saludos!

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