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La muñeca reina y otros espectros de la infancia

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La muñeca reina y otros espectros de la infancia: metáforas de la identidad fragmentada por el tiempo

 Análisis comparativo entre el cuento de Carlos Fuentes y su adaptación cinematográfica

 

Por Andrea Olson

 

Quiero recordarla, una tarde y otra, en una sucesión de imágenes fijas que acaban por sumar a Amilamia entera.

Carlos Fuentes

 

A lo largo de su producción literaria, el escritor mexicano Carlos Fuentes ha fijado como algunos de sus temas característicos los avatares del tiempo y la trasgresión de todo límite temporal, siendo la vertiente más destacada de estos tópicos, el conflicto entre el pasado y el presente: a través de sus ficciones, el autor explora el espectro nostálgico de la historia enfrentado con la realidad actual; la identidad fragmentada por el tiempo; la amenaza fantasmagórica de la memoria que mina la cordura;  la muerte como tiempo infinito y estático; el conflicto entre el cambio y la permanencia, representado en contextos fantásticos y con una estética heredera de la literatura gótica.

       En 1964, Fuentes publicó Cantar de ciegos, un libro de cuentos en el que retoma sus obsesiones literarias acerca del tiempo y las consecuencias devastadoras de éste en la vida del hombre. De los siete relatos que lo componen, “La muñeca reina” es sin lugar a dudas el más inquietante, ya que presenta una “imagen que es desacostumbrada sin ser fantástica y por ser real es más dolorosa”[1] acerca de la infancia perdida y la decadencia que trae consigo el paso de los años. El cuento, dedicado a José Donoso, contrasta los recuerdos idealizados del protagonista con un presente en el que predomina el hastío de la vida adulta y la trágica deformidad de la niña preciosa que el recuerdo mantenía intacta.

       La trama gira en torno de la nostalgia por la niñez y por los amigos entrañables de esa etapa inocente. Carlos, protagonista y narrador, al encontrar entre sus libros viejos una tarjeta con  un mensaje escrito con caligrafía infantil, recuerda a una niña que conoció 15 años atrás, cuando él era apenas un adolescente. El personaje pasa del recuerdo a la obsesión por encontrar a su amiga Amilamia. Entonces, comienza su búsqueda guiado por un mapa que la niña dibujó en el reverso de la tarjeta. Al final, Carlos descubrirá que de aquella Amilamia sublime de la infancia sólo queda una muñeca a la que se le rinde un culto enfermizo.

        En 1971, el cuento de Fuentes fue adaptado para el largometraje Muñeca reina, de Sergio Olhovich. El guión corrió a cargo de Eduardo Luján  y del mismo Olhovich, mientras que el elenco estuvo integrado por los actores Enrique Rocha, Ofelia Medina y Helena Rojo. Esta cinta es la más difundida del director; fue acogida favorablemente por el público y la crítica especializada al momento de su estreno y representó a México en la primera Muestra lnternacional de Cine celebrada en el país. El filme sitúa la historia de Carlos y Amilamia en una Ciudad de México setentera, reproduciendo fielmente la línea argumental de la obra literaria, pero explorando con mayor amplitud el punto de tensión entre las distintas estaciones temporales, a través de su propuesta en el manejo de los planos narrativos y la introducción de elementos ajenos a la historia original.

        El propósito de este trabajo es realizar un análisis comparativo entre el cuento de Carlos Fuentes y su versión cinematográfica. El análisis destacará no sólo los puntos de coincidencia entre ambas obras, sino que también subrayará sus divergencias y estudiará las implicaciones que tales cambios sugieren en la interpretación de la película. En un primer apartado, se estudiarán los aspectos narrativos del texto literario y su carga simbólica, mientras la segunda parte presentará las características fílmicas y las diferencias entre la adaptación cinematográfica y el cuento.

 

“La muñeca reina”, ofrenda mortuoria del tiempo

 

Como obra literaria, “La muñeca reina” surge a partir de una anécdota personal de Fuentes: “Recuerdo mucho la presencia recurrente de una imagen que se quedó mucho conmigo y se convirtió en un cuento”[2], menciona el escritor. Y, precisamente, las imágenes estáticas constituyen el eje de la narración, en la que se presenta la nostalgia del pasado como evasión de un presente vacío e insatisfactorio:

 Mi vida, después de las tardes perdidas de los catorce años, se vio obligada a tomar los cauces de la disciplina y ahora, a los veintinueve, debidamente diplomado, dueño de un despacho, asegurado de un ingreso módico, soltero aún, sin familia que mantener, ligeramente aburrido de acostarme con secretarias, apenas excitado por alguna salida eventual al campo o a la playa, carecía de una atracción central como las que antes me ofrecieron mis libros, mi parque y Amilamia. (Fuentes, versión digital).

 El cuento se inscribe, según la tipología propuesta por Todorov, en el subgénero de lo extraño, pues el elemento fantástico desaparece para dar lugar a una imagen “desacostumbrada” pero real, a una trama detectivesca plagada de misterios cotidianos y a personajes grotescos que aparecen como víctimas del tiempo. Así, a diferencia de otros cuentos del escritor, relacionados con figuras históricas y elementos sobrenaturales, “La muñeca reina” destaca la introspección en la memoria personal de los individuos en  la sociedad mexicana contemporánea. Al respecto, Vicente Quitarte señala:

El reencuentro de Carlos con Amilamia en "La muñeca reina" tiene un sentido menos fantástico, pero igualmente abre las compuertas a la pesadilla: el pasado es el dominio más cercano al Paraíso, pero su reconquista no puede realizarse de manera impune. El parque donde en la adolescencia nacieron los personajes de Verne y Salgari no es el infinito bosque que pensábamos, y la niña de ojos grises cuyo aliento se unía al del muchacho para iniciarlo en los futuros misterios amorosos, se ha convertido en un monstruo que mueve a la compasión o al horror.[3]

 

Por su estética, el cuento se vincula con los relatos góticos y romanticistas en los que la vuelta al pasado, el hechizo de la figura etérea de una mujer, la atmósfera morbosa y enrarecida, el simbolismo de espacios en ruinas, y la parafernalia fúnebre, son elementos narrativos fundamentales. Sin embargo, Fuentes adapta la tradición gótica a la realidad latinoamericana sustituyendo los castillos europeos por una vieja casona en el centro de una urbe acelerada y los bosques encantados, por un parque que evoca fantasmalmente los juegos infantiles de los protagonistas.

        La narración se caracteriza por la yuxtaposición espacial, por su anacronía o múltiples saltos temporales, así como por una estructura dicotómica en la que vida y muerte, presente y pasado, completan la imagen fragmentaria de Amilamia. También, resulta importante la experimentación formal del lenguaje, lograda mediante descripciones poéticas que son capaces de convertir la infancia en un mito y crear un mundo subjetivo como refugio para Carlos, ya adulto.

        Respecto a los espacios, a lo largo del cuento se presentará la oposición entre dos planos: el parque y la casa de Amilamia. El primero, recreado por la memoria del narrador personaje, simboliza la vida, el movimiento, la ternura y la inocencia infantiles. El recuerdo y la imaginación construyen un espacio verde, dotado de ese halo de magia cotidiana que son los juegos y la risa. Ese recuerdo mitificado, utópico, supera a la realidad. Sin embargo, desde la perspectiva del adulto, la fantasía que lo envuelve desaparece. Carlos se topa sólo con “un pequeño jardín rodeado de rejas mohosas, plantado de escasos árboles viejos y descuidados, adornado apenas con una banca de cemento que imita la madera y que me obliga a pensar que mi hermosa banca de hierro forjado, pintada de verde, nunca existió o era parte de mi ordenado delirio retrospectivo” (Fuentes, versión digital).

        En “La muñeca reina”, al espacio de la vida se opone el de la muerte. Éste se encuentra representado por la vieja casona ubicada en un “suburbio chato y gris”. Al igual que en la novela Aura, del mismo Fuentes, la casa esconde un secreto relativo a la protagonista. Todo en el lugar tiene una apariencia lúgubre y ruinosa. Después de 15 años, el cuarto de la pequeña Amilamia se transformó en un “aposento sofocado”, una cámara mortuoria para su recuerdo. En ese invernadero funeral, reposa, dentro de un féretro, el “cadáver falso” de la niña: una muñeca-reina que es ofrenda para el tiempo, fetiche simbólico de la infancia idealizada y concluida.

        Otra oposición marcada en el cuento es una de carácter temporal. El relato se estructura a partir de analepsis y saltos hacia el presente. Es decir, el tiempo se bifurca en dos planos: el de la evocación del pasado y el de la época actual. La ruptura de todo orden cronológico, a la vez que funciona como recurso estilístico, subraya el desenlace trágico de una Amilamia deformada por los años y el olvido, y completa la imagen fragmentada que el narrador personaje y el lector tienen de ella: En la memoria de su amigo, la niña aparece como modelo de una serie de recuerdos fotográficos que mantienen su candidez y belleza detenida en el tiempo. En cambio, hoy eso ya no existe; sólo queda la monstruosidad de una joven en silla de ruedas. Este choque temporal, por demás siniestro, es la forma con la que Carlos Fuentes cierra el duelo por las horas perdidas de la niñez.

        Los personajes de “La muñeca reina” son seres enajenados al tiempo, a un ritual consagrado a la memoria: Carlos, hipnotizado por sus recuerdos. Los padres de la muchacha atrapados en un culto infinito y narcisista de la muerte. Amilamia escindida en dos identidades representativas de épocas antagónicas, la de la ninfa niña y la mujer esperpento. Sin duda, ella es el personaje que resalta en el texto. Su caracterización comienza desde el nombre, el cual remite a un ser fantástico, una especie de hada de la naturaleza bienhechora y caritativa. Justamente, se representa a este personaje femenino como un espíritu travieso habitante del parque. A través de la muñeca-vudú que la representa y de las descripciones de Carlos, el lector conoce los rasgos físicos de Amilamia: los hermosos ojos grises, el cabello liso y cambiante con los reflejos de la luz, el cuerpo impúber, limpio, dócil. El cuento también ofrece el retrato de la otra Amilamia, la muchacha contrahecha de labios pintados de color naranja y aire desolado.

        El resto de los personajes están bajo la sombra de Amilamia. Carlos actúa motivado por la fantasía y excitación que despierta en él la posibilidad de un reencuentro con la amiga inolvidable de la juventud. Sin estar consciente de ello, figura como otro más de los súbditos de la muñeca reina, pero a la vez es también quien la mantiene viva. Su subjetividad ha aprehendido resueltamente a Amilamia niña. Por medio del recuerdo, la vida es capaz de vencer a la muerte. Carlos descubre que la “verdadera Amilamia” está hecha de tiempo: “Amilamia también es mi recuerdo”, concluye al final del relato.

Muñeca reina, la propuesta cinematográfica del horror

 La versión cinematográfica de Olhovich constituye una fiel adaptación del hilo conductor de “La muñeca reina”. Rescata lo esencial del argumento, los diálogos y la caracterización de los personajes e intenta reproducir lo que María Negrori llama “el despliegue de una parafernalia, un dispositivo barroco, al estilo de los carnavales mexicanos de la muerte, capaz de teatralizar, en un espacio de revelación y náusea, un duelo imposible”[4]. Al igual que en el cuento, en el filme predominan las imágenes de lo extraño, los espacios simbólicos y enigmáticos, las digresiones temporales, el manejo del suspenso con mecanismos policiacos y la atmósfera siniestra que envuelve a la casa de Amilamia. Pero, si bien Muñeca reina guarda similitudes estructurales con su modelo literario, también presenta una propuesta en el tratamiento de la historia.

        A diferencia del cuento, en el que se presenta a Carlos ya sumido en su obsesión por el recuerdo de Amilamia, la película presenta con mayor detalle el desarrollo de esta obsesión. Muñeca reina constituye la crónica del regreso del protagonista a su juventud a través de la memoria. El filme llena los vacíos que, por cuestiones formales del género cuentístico, el autor ha dejado fuera de la historia. Uno de estos aspectos es la caracterización del personaje de Carlos como adulto. El texto literario esboza con pinceladas una identidad para el protagonista: edad, profesión y hábitos cotidianos. Nada se menciona respecto a sus rasgos físicos, pero sí se profundiza en la fantasía que lo lleva a investigar sobre el paradero de Amilamia. En cambio, el texto cinematográfico muestra a Carlos inmerso en todos los ámbitos que involucra el mundo de adulto: las relaciones de pareja, el sexo, las obligaciones laborales, la autonomía económica, los compromisos familiares y sociales. En especial, la película enfatiza el amor y el sexo en la vida del protagonista. Esto responde a la intención del director por evidenciar el vacío y la insatisfacción que experimenta y cómo el espectro de Amilamia lo trastoca.

        Una diferencia más de la película respecto al original, es el cambio en la focalización. El cuento se centra en Amilamia, reconstruye su identidad fragmentaria mediante los recuerdos de Carlos y el encuentro de éste con la verdad. Por su parte, la perspectiva adoptada por el filme es la de Carlos. Lo que importa aquí es representar la impresión traumática de un hombre común, sufrida a partir de la exposición con el horror de la decadencia humana. Amilamia se convierte en un personaje alegórico desde la perspectiva de Carlos; representa sus añoranzas más secretas. En ella, ve la sorpresa, las pequeñas aventuras, los placeres inocuos, la felicidad infantil. Ve al hada seductora que develó para él, los misterios de la atracción sexual con un inocente juego en el parque (lo incita a rodar con ella por una colina, quedando sus cuerpos unidos en la caída). Ella es la única mujer que podría amar: “Te quiero. Te quiero Amilamia (…) Dime que nunca me dejarás. Soy feliz, muy feliz Amilamia. Antes todo era distinto. Desde que estás a mi lado, soy otro”, declara Carlos en una escena del largometraje.

        Con el cambio de focalización y la exploración del conflicto interior del personaje adulto, se introducen elementos nuevos a la trama. El cuento concluye con el descubrimiento de la existencia de la otra Amilamia, la muchacha contrahecha, dejando a Carlos frente a la puerta de la casa en medio de la lluvia. En este punto existe una bifurcación entre la obra literaria y su versión cinematográfica. En la película, se muestran las consecuencias que ese descubrimiento tiene en la psiquis de Carlos. Horrorizado y frustrado porque su ensoñación no corresponde con la realidad, el protagonista sufre un colapso psicológico y queda sumido en la eterna recreación del fantasma de la niña. Desalineado recorre el viejo parque en busca de ese espectro. La película intensifica su sensación de fracaso y desesperación, con la introducción de un doble de Amilamia, una mujer parecida a como hubiera sido la joven de no padecer tal deformidad, a quien Carlos persigue en medio de su locura.

        La demencia del protagonista se prefigura desde unas escenas antes del final. A diferencia del cuento, en la cinta, aparece una Amilamia adulta, que es producto de las alucinaciones de Carlos. Éste al intentar convertirse nuevamente en dueño de aquella “tierra prometida que empezaba a ser mía” en la adolescencia (Fuentes, versión digital), empieza a desarrollar un mundo de fantasía paralelo a la realidad, donde habita una Amilamia intangible, una especie de amiga imaginaria que será la expresión de sus sentimientos, miedos y conflictos. Este giro en la trama, añade a la película la vacilación, elemento característico de la literatura y el cine fantástico (que no existe en el argumento de Fuentes). Con la vacilación, la presencia de esta mujer etérea adquiere dos lecturas: por un lado, juega con la posibilidad de que sea el espíritu de la muchacha fallecida; por otro, remite a la inestabilidad mental de su compañero. Finalmente, el desenlace de Muñeca reina es la sucesión de planos narrativos: la oscura habitación donde Carlos permanece en delirio, el mundo literario infantil del Carlos adolescente y el escenario imaginado del parque, donde vuelve a reunirse el protagonista con el espectro querido de la pequeña Amilamia.

 

Conclusiones

 

El texto cinematográfico Muñeca reina no constituye una mera ilustración del cuento de Carlos Fuentes. Trabaja con lo esencial del relato, pero sus elementos constitutivos y enfoque difieren del modelo literario. Esto lo dota de cierta independencia y de un estatus artístico propio.  Su planteamiento resulta más dramático, pues la locura es el único destino posible para un ser que ha perdido la ilusión a causa de los estragos del tiempo. En la cinta, la caída de Carlos conmueve más. El joven seductor, que lo tenía todo, ha sido seducido por una memoria infantil, por un hada hecha de recuerdos.

        El cuento de Fuentes incita al lector a imaginar qué ocurrió con Carlos después, cómo pudo haber sido Amilamia a los veintidós años. La obra de Olhovich puede ser una respuesta a estas incognitas. La película enriquece el argumento con la suma de elementos oníricos, de pesadilla y demencia. La música, las actuaciones, el proyecto escenográfico, fortalecen la narración misteriosa que Fuentes vislumbró para su cuento. El respeto por la secuencia narrativa y el juego espacio-temporal establecidos en el relato, trasladados al lenguaje cinematográfico, no dejan la menor duda de que la trasgresión del pasado despierta los espectros más dolorosos.

 

Bibliografía

 

Barchino Pérez, Matías. Las criaturas del tiempo: los últimos cuentos de miedo de Carlos Fuentes, recuperado desde http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fll/02104547/articulos/ALHI0505110029A.PDF

 

 

Fuentes, Carlos. “La muñeca reina”, recuperado desde: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/munecare.htm

 

 

Fuentes, Carlos. Actas del simposio “Carlos Fuentes”.University ofSouth Carolina, 1978. Pp. 220.

 

 

López Cáceres, Alejandro José. Carlos Fuentes en el umbral de las certezas: Los “Cuentos sobrenaturales”, recuperado desde http://poligramas.univalle.edu.co/33/poligramas-33-enero.pdf#page=9

 

 

Negrori, María. “Una cripta para la infancia. Carlos Fuentes: ‘La muñeca reina’” en Galería Fantástica. México. Siglo XXI. 2009. Pp. 39

 

 

Quirarte, Vicente. Arquitectura hechizada, recuperado desde: http://www.architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/cuentos/quirarte/quirarte01.htm

 

 

Filmografía

 

 

Muñeca reina. México. 99 minutos. Sergio Olhovich (director).

 



[1]Fuentes, Carlos. “La muñeca reina”, recuperado desde: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/munecare.htm

[2] Fuentes, Carlos. Actas del simposio “Carlos Fuentes”.University ofSouth Carolina, 1978. Pp. 220.

[3]Quirarte, Vicente. Arquitectura hechizada, recuperado desde: http://www.architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/cuentos/quirarte/quirarte01.htm

[4] Negrori, María. “Una cripta para la infancia. Carlos Fuentes: ‘La muñeca reina’” en Galería Fantástica. México. Siglo XXI. 2009. Pp. 39.

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